Sobre Betina Edelberg


Carlos Mastronardi

comenta “Imposturas” en el diario “El Mundo” (15 de Noviembre de 1961)


Pese a las palabras de Platón que reproduce, Betina Edelberg sustenta un criterio historicista y circunstanciado de la literatura. El viejo pleito entre el orden y la tradición, el antiguo deslinde entre “vanguardias y retaguardias” – tan firmemente establecido por los caudillos de la revolución estética que se cumplió hacia 1920 – de algún modo le permiten intentar obra innovadora. Se ha dicho que todo presente es anacrónico pero es dable apoyarse en remotas experiencias para realizar una labor dotada de fuerza y originalidad, como lo pueban los excelentes poemas de este libro deliberadamente áspero y sombrío. La opacidad de lo cotidiano y el sentimiento de lo irrevocable inspiran a Betina Edelberg, para quien el mundo visible parece ser la más férrea y compartida de las convenciones. Una ironía leve pero también incisiva recorre las páginas de Imposturas, cuyos poemas dicen de una naturaleza exilada que rehusa los modos y las formas que cubren el mundo de las esencias. Para comunicarnos sus delicadas depresiones, la autora maneja algunos prosaísmos que declaran con justeza sus estados anímicos: “Repetir pacientemente lo mismo, pensar que así debe ser, estrechar manos, entregar saludos, sonreír, atravesar la palidez de ciertas fechas, cartas de mi mayor consideración".
El formalismo mecánico de la vida social la lleva a construir una dialéctica de la nada y le dicta expresiones colmadas de ese “spleen” que vocearon los primeros simbolistas, sobre un querido ayer.
“ Imposturas” trasunta una fina naturaleza lírica. Representa un esfuerzo en verdad encomiable.

 

Carlos Mastronardi